lunes, 7 de septiembre de 2009

CAPÍTULO I - Perfección en Boston

Este sentimiento arde dentro de mí desde hace mucho tiempo. Nunca tuve el valor para decírtelo, siempre que estás junto a mí siento una emoción intensa, es algo así como inexplicable. Excepto para aquellos que lo han sentido alguna vez. Aquellos que han sentido que desean gritar a todo pulmón lo que sienten pero no pueden ya que ese sentimiento no es correspondido. Algunos tal vez se declaran ante cierta persona que les atrae, pero para otros, como yo, no es tan fácil. El solo saber que tu mirada se posa sobre mí me hace sentir extraordinaria, me hace volar hasta el infinito. Y así comienza la historia, mi historia, nuestra historia.

Estaba yo relajada en mi cama, leyendo revistas, dibujando, pensando, etc. cuando recibí una llamada inesperada. Agarre rápidamente. Era mi madre. Siempre que llama a esa hora era para dar malas noticias o algo repentino que cambiaría mi vida.

-Daniela: ¿Alo?
-Rosa: Hija! tengo malas noticias
-Daniela: Que ha pasado madre?
-Rosa: Tendremos que mudarnos... otra vez

En ese momento se me hizo un nudo en la garganta, casi no podía respirar, como todas aquellas otras veces en las que mi madre había pronunciado esas palabras.

-Daniela: Pe.. pero madre, ¡no podemos mudarnos!

No después de toda la vida que tuve que rehacer, tuve que empezar nuevamente desde cero con nuevos amigos, nuevo colegio, nueva habitación, en fin, no es fácil experimentar algo así.

-Rosa: Lo siento Daniela pero mañana temprano salimos a Boston. ¿Ok?
(Rosa cuelga)
-Daniela: ¡¿Madre!?.. ¡NO!... ¿mamá?
(....)

Me quedé pensando toda la noche; cómo sería vivir en Boston. He pasado por muchas ciudades diferentes, pero no podía ni imaginar que podía suceder ahí. Salimos muy temprano en la mañana hasta que por fin llegamos. La casa era acogedora. Subí y rápidamente escogí mi habitación. Luego salí a tomar un poco de aire y a tratar de conocer Boston. En eso entré a un callejón algo oscuro y tétrico. No sé porqué pero las cosas así de alguna manera me llaman la atención. En eso siento un escalofrío subiendo por mi espalda. Sentía que me observaban. No le preste atención y seguí caminando. Siento una especie de golpe en el hombro y cuando volteo ahí está él. Sus ojos, su mirada, su sonrisa perfecta, el tono de su piel, todo era perfecto en él...

-Gerard: Hola, ¿cómo te llamas, eres nueva aquí verdad?

No sabía qué decir. Tal vez podría comenzar por mi nombre, pero me distraje viendo su rostro perfecto.

-Daniela: Ah... ah, hola (dije en tono bajo y un tanto nervioso)

El sonrió y emitió cierto sonido con tono burlón, otra vez quedé perdida en su rostro, su sonrisa y su mirada.

-Gerard: ¿En qué calle vives?, al parecer estás perdida...

Lo dijo con esa mirada de sabelotodo pero fue perfecto su gesto, no hubo error alguno.

-Gerard: ¿Te acompaño a tu casa?
-Daniela: Vivo en la calle 13 (otra vez esa voz baja con tono nervioso que detesto tanto)
-Gerard: Bueno vamos yo te acompaño.

Él trató de sacarme tema de conversación pero siempre lo evadía para poder admirar su rostro en plenitud y armonía.

-Gerard: Bueno hasta aquí llego yo, fue un placer, adiós.


Subió su mano esperando que le diera la mía para una despedida cordial de recién conocidos. Vi su mano con nervios. No sé cómo pero rápidamente le di la mano le dije adiós y cuando me di cuenta estaba en mi cuarto. Sola, con el block de dibujos justo al frente. Lo único que se me ocurrió en ese momento fue dibujar. Dibujar ese rostro perfecto. Esa sonrisa que parece fuente misma de donde se pueda sacar toda la dulzura del universo. Esa mirada hipnotizante que guarda cierta oscuridad en lo más profundo de su pupila. Luego de que pensé en todo eso, al ver mi block no solo vi aquel rostro, sino que vi la dulzura incomparable del mismo.

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