martes, 15 de septiembre de 2009

CAPÍTULO IX - Molestia

Pasaron aproximadamente cuatro meses y seguía pensando en Gerard y amándolo en silencio. Lo más extraño es que cada vez que él hablaba conmigo, lo trataba mal, y me molestaba con él por cualquier estupidez.

-Gerard: Hola Dani
-Daniela: ¿Qué quieres?
-Gerard: ¿Te molesto?
-Daniela: No sé, pero dime rápido, tengo cosas que hacer.
-Gerard: Está bien, solo quería pedirte un lápiz.
-Daniela: ¿Qué?, ¿era solo para eso? (lo dije con tono de molestia y cara de amargada)
-Gerard: Bueno no te molestes, si no quieres prestármelo está bien.
-Daniela: ¡Toma el lápiz! (se lo di en la mano bruscamente).
-Gerard: Pero dámelo con cariño (estiró su brazo tratando de devolverme el lápiz).
-Daniela: Si agarro el lápiz otra vez me lo quedo, así que, ya vete.
-Gerard: Okey, no quería molestarte, adiós.

Quedé impactada ni yo misma podía creer lo que le había hecho a Gerard. Me sentía mal por haberlo tratado así, por eso decidí hablarle otra vez y decirle que no debí tratarlo tan mal sólo por un lápiz. Cuando fui a decirle, estaba abrazando a Lynn con un brazo mientras con el otro escribía algo, cuando iba pensando en lo que iba a escribir, mordía el lápiz con el espacio entre el colmillo y el diente de al lado. Me molesté mucho, pero lo más extraño fue que no me había molestado el hecho de que mordiese el lápiz, sino que abrazara a Lynn. Fui muy decidida a reclamarle.

-Daniela: No puede ser, ¿qué estás haciendo?
-Gerard: Disculpa no era mi intención.
-Daniela: ¿Qué haces aquí con esta? (le grite)
-Lynn: Hey, ¿qué te pasa?
-Gerard: Pensé que era por el lápiz que estabas molesta.
-Daniela: Por supuesto que es por el lápiz (improvisé) te pasas, al pedirme un lápiz para morderlo.
-Gerard: Bueno discúlpame es que tengo esa maña.
-Daniela: Pues no con mi lápiz.
-Gerard: Disculpa, ¿quieres que te lo devuelva?
-Daniela: No, pero no lo hagas de nuevo.
-Gerard: Okey trataré de contenerme, Lynn está aquí para eso, ¿verdad? (la miró con cara de pícaro)
-Lynn: Claro mi Gee (le dio un beso en la mejilla).

Pensé "yo también trataré de contenerme en no golpearla". Me di vuelta y caminé hasta mi salón.


Siguió pasando el tiempo y yo seguía amándolo y peleando con él. Lo había pensado mucho, quería confesarle lo que sentía. Nunca me atrevía. Estaba en mi casa pensando en Gerard y decidiendo cómo le iba a confesar lo que siento por él, cuando recibí una llamada. Mi madre, otra vez llamó a esa hora.

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