miércoles, 9 de septiembre de 2009

CAPÍTULO III - Trauma amoroso

-Daniela: ¿Cómo que no es de una chica?, ¿acaso te enamoraste de un chico? (lo dije con voz molesta)
-Gerard: Pues no... no me gusta un chico.
-Daniela: ¿Entonces?
-Gerard: No estoy enamorado de una chica.
-Daniela: ¿Ajá? (con tono desesperante)
-Gerard: Y tampoco estoy enamorado de un chico...
-Daniela: ¿Y entonces de quién estás enamorado? (estaba tan desesperada que casi le grito)
-Gerard: Estoy enamorado de dos chicas.

Se paralizó el tiempo, me sentí aliviada porque no era bisexual, pero a la vez me sentí deprimida porque tal vez yo no era ninguna de esas chicas

-Gerard: ¿Qué crees que debo hacer?
-Daniela: ¿Y quiénes son esas chicas? (hice la pregunta para comprobar mi teoría)

Pero evadió mi pregunta con otra respuesta que no tenía nada que ver

-Gerard: Es que, no sé si de verdad me gustan las dos o sólo una; ayúdame.

Puso esa mirada de tristeza a la cual no pude negarme, su mirada triste era muy difícil de ignorar, ya que además de perfecta, ¿cómo negarle algo?

-Daniela: Bueno, debes pasar tiempo con las dos, y la que parezca más dulce y simpática pues te quedarás con ella, pero no te des por vencido estoy segura de que lograrás algo con cualquiera de las dos.

Sentía que yo misma me ataba la soga al cuello, porque, si era una de esas afortunadas, le estaba proponiendo a Gerard que me pusiera a prueba.

-Gerard: Gracias Dani, no sabes cuanto aprecio lo que me dijiste.


En eso acerca su rostro al mío... quedé paralizada, inhalé profundamente para tener su dulce aroma, cerré los ojos esperando una recompensa por mi ayuda, una recompensa que delatara que era yo una de las chicas de quien él estaba enamorado. Pero a cambio de mi ayuda recibí un beso en la mejilla, nunca lo olvidaré, su rostro acercándose al mío y el sonoro beso que dejó marcado en mi mejilla izquierda, fue algo mágico, y aunque suene cursi, sentí mariposas en el estómago, soñaba despierta con ese beso y aunque en mis sueños no era exactamente en la mejilla igual me hizo volar alto y fue la mejor recompensa de todas las que me pudieron dar alguna vez.

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