Esta noche hace más frío que cualquier noche de invierno que pueda pasar, sólo me acompaña la mosca que entró por error a mi habitación. Siento como sale el aire de mis pulmones pero no lo siento entrar de regreso, como si me estuviese asfixiando, ahogando en el aire. Aquí sólo hay vacío y nostalgia, en mi pecho existe un peso que me deja sin aire. Mis pupilas se desprenden de mi piel porque ya no puedo soñar. Mis manos se guardan porque ya no puedo sentir. Mis labios desaparecen porque ya no me puedo expresar. Mis ojos se derriten en lágrimas que queman al recorrer mis mejillas. Todo mi cuerpo se pulveriza porque ya no estoy viva.
Entonces empiezo a andar por costumbre, respiro en modo automático y vivo en la rutina que me mantiene despierta, ya no siento, ya no oigo, sólo actúo. No veo consecuencias, mi piel se vuelve tosca al tacto, nada me llena, no me satisfago. Estoy lejos de que me importe alguien si no puedo cuidar de mí misma. Y me pregunto: ¿es el final?
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