Llega el invierno y con él el peso de la ausencia. El frío cala mis huesos y recuerdos. Hay huecos en mi mente donde se siente húmedo. No hay nada más desgarrador que una tormenta sin refugio. No encuentro un lugar seguro en esta helada mañana. Solo hay vacíos y ruido, mucho ruido. Me ensordecen los gritos de mi piel por sentir, de mis ojos por mirar, de mi boca por cantar. Puedo ver como camino hacia adelante pero sin avanzar, como cuando caminas en la playa y el efecto del agua regresándose hace parecer que no te mueves. ¿Sentir? Hace mucho que la ansiedad se comió el resto de mis sentimientos. Solo siento hambre, ganas de tragarme estas ansias, masticar esta frialdad, digerir la soledad.