martes, 12 de noviembre de 2013

Siento, luego existo


No sé, hacíamos el amor pero tú te lo llevaste, no sé dónde lo dejaste creo que lo perdiste, no lo he visto desde entonces, desde aquella última vez que lo tuvimos. Hoy todo esto pasará factura, cuando se apague la luz y nos quedemos a oscuras los sentimientos y yo, vaya locura. Que no lo cura todo, pero escribir siempre ayuda ¿no? Por eso siempre tengo el corazón a mano y si lo tengo que romper ya tendré tiempo para pegarlo.


Cada párrafo mío es un océano, sumérgete en las aguas de las lágrimas de una náufraga en tus recuerdos, que se hunde poco a poco y muere con el tiempo. Me tragué el orgullo y se atraganta; pronto iré a buscar los besos que cayeron al final de tu garganta. Claro que se fueron mis sueños por los agujeros de mi nariz, estábamos durmiendo y mi vida parecía feliz.
Sigo en miseria amor y hasta olvidé lo que algún día dije, lloré prometiendo que siempre tendría 15. Perdóname, perdóname, perdón por no ser Peter. 
Devuélveme el amor, sácalo de tu escondite. Guardo en el bolsillo los sentimientos, se quieren esconder de arder en llamas por tu poca fe; me los guardo para cuando esté contenta porque si no los usos acabarán doliendo. Y tú te escaparás riendo.
Fabrico emociones de canciones y con todo lo que pienso, porque desnudo mi alma cada vez que escribo, siente como canta mi mente al dejar que las palabras fluyan en este mar incesante lleno de mareas. Cada frase mía cobra vida y habla, cierra los ojos y siente cada palabra con el corazón y sentirás lo mismo que yo.
Cada emoción, cada recuerdo, es un sentimiento nuevo que creo, una parte de mí en otra época de mi vida. Hay recuerdos buenos y otros te consumen poco a poco. Lleno líneas, quizás páginas y se me escapa desnuda el alma en forma de lágrimas. Llevo tantas cargas encima que ni te imaginas.




lunes, 25 de marzo de 2013

Cadena de errores

Yo tan mala y tú tan frágil, ese momento en el que decidí que no estaría atada a nadie fue cuando cometí el primer error de un sin fin de ellos. Eras quien se preocupaba y yo quien se perdía, no era como si me importase como te sentías, y allí cometí mi error número dos. Nos entregamos lo que pudimos, ya parecía no sentir nada por ti, escapaste como un ave cuando le abren la jaula, te vi alejar como un niño a su globo cuando lo suelta. No hice nada cuando pude y cometí mi error número tres. Luego de caer en la perdición y no recordarte, se vino una lágrima a mi corazón y cometí mi cuarto error, te busqué hasta que te encontré y no como hubiese querido, te encontré a ti con una sonrisa y se vino el quinto error, morir por ti. Desde entonces no quise que fueses feliz en otro lado y el sexto error afloró, que fue rogarte, pedirte y buscar el perdón que no me merecía. Volvías a perderte como si nada y yo volvía a encontrarte como si todo. Me pediste tiempo para pensarlo, voy por el séptimo, esperaré hasta el final. El noveno error es estar llorando por ti y el error final es no arrepentirme de los últimos cuatro errores.